martes, 3 de noviembre de 2009

Breve reseña de la parroquia Antimano

El conocimiento de la historia de la Parroquia de Antímano, debería constituir un elemento importante para quienes integramos la comunidad de la Universidad Católica Andrés Bello. A pesar de que nuestra Casa de Estudios, jurisdiccionalmente se encuentra en terrenos de la Parroquia La Vega y, aunque la UCAB lleva, mayoritariamente, su proyección a la comunidad a través del Departamento del mismo nombre, en la zona alta de la mencionada parroquia, Especialmente en el Barrio La Pradera, no puede perderse de vista que la comunidad donde está inserta, de hecho, es Antímano, área donde ejerce su acción social a través del Centro Comunitario de Atención Familiar y Psicoeducativa.

Una buena parte del personal obrero y administrativo de la UCAB vive en Antímano. Por estas razones, el artículo de esta sección de Historia de El Ucabista pretende llenar algo de este vacío, brindando una rápida visión sobre la fundación de Antímano a toda la comunidad ucabista.

Antímano fue fundado como un pueblo de doctrina en 1621. Su fundación está inmersa dentro del esfuerzo efectuado a parar de 1620 por el gobernador Francisco de la Hoz Berrío y el obispo Fray Gonzalo de Angulo, quienes reiniciaron la labor pobladora en la Provincia de Venezuela, a pesar de la "a oposición de los encomenderos, especialmente los caraqueños.

La reorientación de la conversión de los indios al cristianismo estuvo entonces muy vinculada a la consolidación poblacional. Este proceso fundacional iniciado en 1620, se intensificó en base a la reducción de los naturales para situarlos en las cercanías de las ciudades. La población indígena todavía era apreciable en número, a pesar de haber sido diezmada por la conquista, el trabajo esclavo y las enfermedades, el traslado a otros habitat u obligada a vivir en los montes.

Esta población vivía en condiciones difíciles, puesto que, burlando todas las normas protectoras emanadas de la Corona, los encomenderos la sometían a un despiadado régimen de trabajo. Los indígenas prestaban sus servicios personales labrando y cultivando los campos, mientras que sus mujeres hilaban y tejían para el español.

Junto a las encomiendas Florecieron haciendas y estancias, que agruparon a su alrededor pequeños núcleos habitacionales. La economía de producción se impuso a la de subsistencia; se fundaron haciendas de caña, se inició el cultivo del cacao y se produjo maíz, verduras, frutos menores. Se cultivó trigo. A la población indígena pronto se le unió la mano de obra negra, esclava.

Ante el incumplimiento de las leyes por los encomenderos, las autoridades civiles y eclesiásticas sólo tuvieron dos alternativas: abolir el sistema de encomiendas o tolerar la situación imperante. Mientras tanto, hubo que atenerse a lo poco o nada que en el terreno de la enseñanza de la doctrina cristiana podía esperarse de los sentimientos religiosos que la herencia y la educación hispánica habían enterrado en la conciencia de los pobladores.

No olvidemos otro aspecto importante. El desarrollo económico trajo como consecuencia que las tierras del valle de Caracas y sus alrededores se hicieron cada vez más valiosas. Al aumentar la demanda, especialmente de trigo, se incrementó la de las tierras y el usufructo de ellas.

Dentro de este mundo de encontrados intereses, la Iglesia decidió retomar su posición a favor del indio. Recordemos el papel cimero " habían realizado los Dominicos y los Franciscanos, en los momentos iniciales de la conquista del actual territorio venezolano. ¿ Cómo olvidar a Fray Batolomé de Las Casas? ¿Y los intentos de evangelización pura llevados a cabo en nuestra costa cumanesa a partir de 1515, en la Costa de las perlas ?.

A fundar nuevos pueblos

El gobernador de la Hoz Berrío y el obispo Gonzalo de Angulo, en una clara conjunción de intereses civiles y eclesiásticos, dictaron una serie de procedimientos que tenían que contemplarse al fundar los pueblos de indios en la jurisdicción de Caracas. Entre éstos, los siguientes: buscar los sitios más a propósito para fundar los nuevos pueblos, los más adecuados para la conservación de los indios, donde tuvieran tierras, agua, leña y otras cosas necesarias; procurar que las iglesias se erigieran y tuvieran lo necesario para el culto, que fueran durables y que se cubrieran de teja, colocándolas bajo las advocaciones de mayor devoción. Las iglesias debían levantarse de ser posible, en sitios elevados, que éstas tuvieran una plaza mediana, con una cruz al frente de la puerta de la iglesia y debían poseer un aposento para la sacristía. Las iglesias serían de tamaño más que suficiente, atendiendo al porvenir. Al lado de la iglesia estaría la sacrista y la casa del cura doctrinero; debería asentase el día, mes y año de la fundación del pueblo en un libro, para que se celebre en ella y se administren a los vecinos los santos sacramentos y se enterraran los difuntos.

Los encomenderos estaban obligados a dar todo lo necesario para la fabricación de las iglesias, para decir misa y administrar los sacramentos. En todas las iglesias, ordenó el Obispo, se dejasen campanas, cruces mayores y menores, pilas de bautismo y agua bendita, libros de bautismo, confirmación y matrimonio, y que se hiciera un sagrario y una parte segura donde se pudieran guardar los santos óleos; era necesario además, dar a entender a los indios que las nuevas poblaciones se hacían por su beneficio, para que vivieran mejor la fe cristiana.

Había que advertirles que los encomenderos no podían ya tratarlos mal y que éstos estaban obligados a velar por su salud y trabajo. Igualmente se les notificaba a los naturales que no podían huir y dejar despoblados los pueblos, pues serían castigados severamente.

Lamentablemente para el Obispo, el 14 de julio de 1621 tomó posesión de su cargo el nuevo gobernador de la Provincia, Don Juan Tribiño Guillamas, quien al parecer no tuvo mayor interés en continuar la labor de su predecesor.

No obstante, el obispo Angulo seguió adelante con su labor pobladora enfrentándose no sólo al Gobernador, sino también a los encomenderos, e incluso a la resistencia indígena de poblarse. Contaba el Obispo con el Vicario caraqueño, Padre Gabriel de Mendoza y con los Curas Doctrineros, quienes pusieron todo su interés en apoyar la fundación y conservación de los pueblos de indios.

A pesar de las exhortaciones del Obispo, 30 encomenderos fueron excomulgados por no cumplir con sus obligaciones. Estos enviaron a Santo Domingo al alcalde ordinario Nicolás de Peñalosa, con amplios poderes para presentarlos ante la Audiencia y en lo que pudiese, ante el Concilio Provincial. Así lo hizo Peñalosa, pero la Audiencia falló a favor del Obispo. Sin embargo, otorgó cuatro meses más a los encomenderos para que cumplieron con sus obligaciones.

Macarao y Antímano

En cuanto se refiere concretamente al pueblo de San Pedro y San Pablo, Antímano, fue fundado inicialmente en el sitio de Macarao el día sábado, 20 de febrero de 1621 y trasladado, con la misma advocación, al sitio de Antímano, el 8 de mayo del mismo año. Pedro Gutiérrez de Lugo aceptó el sitio de Macarao y procedió en su carácter de Juez Poblador a fundar el pueblo.

Mendoza mandó que se notificara a los encomenderos la doctrina de dicho pueblo, a saber el regidor Blas Correa de Benavides, Alonso Rodríguez Santos, el teniente general de gobernador Pedro Gutiérrez de Lugo, Esteban Marmolejo y Alonso Pérez de Valenzuela por los indios que éste tenía en Mamera.

Por pedimento de Alonso Rodríguez Santos y Esteban Marmolejo, del regidor Blas Correa e información que se les pidió y dieron los caciques de las encomiendas de Domingo de Vera y Esteban Marmolejo, Pedro Gutierrez de Lugo, una vez hecha la consulta al Padre Gabriel de Mendoza, ordeno la mudanza y traslado del pueblo de San Pedro y San Pablo, que fundó en un alto junto a Macarao, a un nuevo sitio en tierras de Antínamo, donde de nuevo fundó el dicho pueblo, con la misma advocación encomenderos, dimensiones de la iglesia, sacristía, casa del cura doctrinero, ornamentos pedidos a los encomenderos; ect.

En el traslado del pueblo al sitio de Antímano jugó papel fundamental Alonso Rodríguez Santos, quien para entonces era uno de los hombres más ricos de la Provincia. En Antímano poseía una encomienda, También una hacienda, con sus casas de cogollo ya viejas, con ochenta fanegadas de tierras de sembraduras de trigo .

En el inventario que se hizo a la muerte de Rodríguez Santos en 1625, la estancia de Antímano se avaló en 1.000 pesos de a ocho, la casa y el solar con cocina y demás servidumbre en 500 pesos de a ocho; las tierras que tenía en La Vega en 600 pesos de a ocho. Además, 40 bueyes de arado a 4 pesos cada uno, 30 vacas mansas a 2 pesos c/u, 30 yeguas en 5 pesos c/u, 12 rejas de arar a 2 pesos c/u, 400 cueros a 10 reales c/u. El total de sus bienes, incluyendo las tierras en Antímano y La Vega, sus estancias, esclavos, molinos, siembras de maíz, trigo y demás propiedades, alcanzó la suma de 51.772 pesos de a ocho y 6 reales.

En el nuevo sitio de Antímano se mantuvieron los mismos encomenderos, sólo que por la importancia de la encomienda que aquí tenía Rodríguez Santos, las restantes quedaron de hecho agregadas a la suya. La edificación de la iglesia en esta segunda fundación se produjo dos meses y dieciocho días después de la primera en el sitio de Macarao, es decir, el Acta correspondiente esta fechada el día 8 de mayo de 1621.

Si se trata, como en efecto lo es, de un traslado de un pueblo de indios, frecuente entonces, donde se mantienen todas las condiciones de la primera fundación, bien pudieran considerar las autoridades municipales de nuestros días, como fecha de fundación de Antímano, el 20 de febrero de 1621, día en el cual se realizó, como ya señalamos, la fundación civil y la eclesiástica del poblado en Macarao.

No conocemos el acta levantada por el Teniente General al realizar la fundación civil y señalar con una cruz de madera el sitio para la iglesia, pero de no realizarse dicha fundación el mismo día del levantamiento de la iglesia, debió
ser pocos días antes, para finales de abril o comienzos de mayo. Si se considera como fecha de fundación de Antímano el 8 de mayo, día del levantamiento de la iglesia y por ende el último acto jurídico fundacional en el sitio donde actualmente se encuentra la parroquia, en todo caso se estaría trabajando con fechas confiables, verificables, contentivas en documentos notariados.

Fundado jurídicamente el pueblo y erigida canónicamente su iglesia en el sitio escogido, Antímano, se efectuó de hecho la congregación de los indios. Prueba de ello es que poco tiempo después de su fundación, San Pedro y San Pablo aparece como uno de los pueblos de naturales en los términos de Caracas, en la relación que hiciera de la visita del gobernador Francisco de la Hoz Berrío en la Provincia de Venezuela, el escribano de gobernación Juan Luis de Antequera. Este documento está fechado el 8 de junio de 1621. Para agosto de 1622, todos los encomenderos habían entregado los ornamentos de la iglesia al Cura Doctrinero. Esto nos habla de la rapidez con que se inició la vida cívica del pueblo

Una zona usurpada

Existe una relación de los indios e indias, muchachos y muchachas, que tenía Alonso Rodríguez Suárez en el valle de Antímano para 1621. Este documento es de gran valor, por ser muy escasas las matriculas del siglo XVI. Encabezan esta memoria, fechada el 4 de mayo de 1621: Don Alonzo Puican, Principal, Doña Marta Guerirguapra, su mujer, sus hijos menores de 6 años: Martín y Alonso. Don Cristóbal Guarariguata, Principal, Doña Gracia Preuyepui, su mujer; sus hijos menores de 6 años: Cristóbal y Gerónimo. El número total de personas es de 148, compuesto de 77 hombres y 71 mujeres. El número de casas ascendía a 42.A esa memoria sigue una matrícula referida a las personas que tenía Alonso Rodríguez Santos en su casa, con toda la gente de servicio y esclavos; en total 98 personas, incluyendo 57 esclavos.

A pesar de la decidida defensa de la Iglesia a favor de los naturales, los indígenas de Antímano debieron enfrentarse a constantes usurpaciones y composiciones a expensas de sus tierras. Los abusos contra los indígenas continuaron durante todo el Siglo XVII.

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